lunes, 19 de enero de 2026

VISITA PINTURA SEVILLANA : JUAN VALDÉS LEAL Y LOS JESUITAS

 



















Serie para la Merced 




Cuadro de Alameda de Hércules en el XVIII cedido al BBAA por Jonn y Oona Elliot

(VISITA) ,  PINTURA SEVILLANA UNA APROXIMACIÓN ICONOGRÁFICA , BLOQUE I: TEMÁTICA RELIGIOSA , FICHA 11: VALDÉS LEAL Y LOS JESUITAS MUSEO DE BELLAS ARTES, / ATRIUM / Guía Emilio Rubio / (Vista de la Alameda en el siglo XVIII, cuadro  legado de John y Oona Elliot)  JUAN VALDÉS LEAL Y LOS JESUITAS Juan Valdés Leal realiza en 1660,  sobre la figura de San Ignacio de Loyola,  cuatro de los cuadros aquí expuestos,  en total hay 7,  ( la sala no acompaña);  hay otras series de la vida de San Jerónimo del convento de Buenavista,  otras series para La Merced;  Juan Valdés Leal tuvo mucho éxito en su carrera;  Juan Valdés Leal nace en 1624 muere en 1690,  Murillo nace en 1617 y muere en 1682;  Murillo solo pintaba de caballete y es ajeno al gremio y al sindicato;  Juan Valdés Leal profesor de dibujo de la Academia promovida por Murillo,  pero el gremio de pintores tumbó el proyecto;  preferían a los ayudantes sin pagar,  a los que tenían talento los promocionaban, a  los demás eran meros esclavos,  a los pintores les suponía mano de obra barata;  apedrearon la Academia;  Juan Valdés Leal maestro de la perspectiva,  Murillo trajo la idea de la Academia de Italia,  también participó Pedro Roldán ; Juan Valdés Leal polícroma ciertas obras de Pedro Roldán a JVL se le encarga el policromar el retablo de la Caridad,  menos el conjunto central de la piedad que se lo encargan a Murillo;  Mañara propiciaba la competencia entre pintores y lo pagaba muy bien;  Murillo por sus familiares no dependía de la pintura;  Juan Valdés Leal tenía que vivir de su profesión,  es dorador,  es escultor,   arquitecturas efímeras,  apogeos teatrales pero Miguel de Mañara prohibió los teatros;  Juan Valdés Leal se hace especialista en las arquitecturas efímeras;  los cuadros de Juan Valdés Leal se reconocen;  en el San José pinta a los niños,  distorsiona lo divino,.  zonas frías diluyendo la realidad,  juegos lumínicos;  se habla del feísmo de Juan Valdés Leal Murillo tiene mucha personalidad se niega a trabajar para los grandes comerciantes y los las grandes instituciones de América;  Juan Valdés Leal todo lo contrario se quería mostrar como aristócrata:  coche de caballos con cuatro lacayos,  era como un latonero o un espartero;  tenía aspiración de meter a su hija en el convento de San Clemente (refugio de princesas) había que tener mucha fortuna e influencias; ofreciéndose a pintar toda la iglesia entera solo le descontaron algo de lo que pedían para la dote de la hija;  lo mismo le pasó con Los Venerables y con la Caridad y con la Magdalena ; su hijo Lucas Valdés Leal matemático y militar se tuvo que hacer cargo de las pinturas del padre;  Murillo no se dejó engañar y no quiso ir a la Corte;  La Roldana fue y se arruinó, porque no le pagaban;  a Murillo le pedían que hiciera las cosas al modo de Zurbarán y a Juan Valdés Leal le pedían que hiciera las cosas al modo de Murillo pero Juan Valdés Leal tuvo su propia personalidad;  a Murillo y Juan Valdés Leal le influyeron mucho la pintura veneciana de fondo difuminado,  de Vassano y Tintoretto , fondos de ángeles de Tintoretto;  Juan Valdés Leal dominaba la perspectiva lineal y atmosférica;  cuadros de los Jerónimos apaisados para el claustro y los verticales para la sacristía;  jerónimos le encargaron varias series;  los jesuitas le encargan a Juan Valdés Leal antes que a Murillo,  en 1660 encargan esta serie para la Casa Profesa;  tenían varios edificios: colegios,  hospicios y otros;  en 1660  los jesuitas optan por Sevilla se sabía que iba a ser muy importante;  San Ignacio de Loyola aceptó ciertas cosas del camino intermedio,  dando entrada a aspectos de Erasmo de Rotterdam,  San Ignacio de Loyola fue investigado por la Inquisición,  tenía mucho control sobre Oriente Medio,  escribe primero de los ejercicios espirituales y después las Reglas de la orden,  admite ciertas cosas del luteranismo, el papa lo aceptó y le encomienda la nueva evangelización de Roma,  el papá Julio  III aceptó la fórmula del camino intermedio, San Ignacio de Loyola nace en 1491, el octavo hijo de los Azpeitia, queda huérfano joven y se va de la ciudad a la Corte y coincide con la segunda esposa de Fernando;  una mujer,  María de Velasco, le abre muchas puertas en Europa,  pero a veces vivía en un hospicio,  en los cuadros aparece el hospicio de Manresa todos tienen un segundo plano,  San Ignacio de Loyola va con la corte itinerante y con el Contador Real, Juan Velázquez,  tenía deudas y San Ignacio de Loyola se va Azpeitia para ofrecerse al rey de Navarra,  defiende la ciudad de Pamplona,  más respetado por los militares,  evolución del hábito:  primero de civil (velando armas),  se le aparece la Virgen,  hábito por dentro de esparto y después negro,  o sea,  sin hábito,  como un sacerdote;  se va a Tierra Santa,  antes a Barcelona,  con la influencia de María de Velasco se va a Roma y después a Venecia,  quiere ingresar en un convento franciscano pero no se lo autoricen por no tener estudios,  primero va Alcalá de Henares y Salamanca,  se encontrará con la Inquisición,  pero se había hecho de un grupo de seguidores;  escribió los la ejercicios espirituales,  inspirando por Dios,  la Virgen y el hijo en la Cruz;  la Inquisición le obliga a estudiar teología pero se va a París y se fue con su grupo,  en París encuentra el camino intermedio después mete cosas del luteranismo y de Erasmo, es esos tiempos se fue Calvino de París;  Germana de Foix esposa de Fernando,  la trayectoria de SIL es muy fascinante,  San Ignacio de Loyola fue el precedente de Miguel de Mañara y tuvo mucho atractivo para las mujeres;  San Ignacio de Loyola se confiesa gran pecador,  hijo de Babilonia en la cueva de Manresa;  en la cueva de Manresa muchos elementos van contra las tentaciones de la carne;  SAN IGNACIO DE PENITENCIA EN LA CUEVA DE MANRESA firmado con una cartela, cogida por un ratón,  SAN IGNACIO EXORCIZANDO A UN ENDEMONIADO la serie eran 10 y aquí se conservan 7,  después se piden a otros cuadros se IGNACIO DE LOYOLA VISIÓN DE CRISTO EN STORTA cerca de Roma con Dios arriba y Jesús en la Cruz,  estos cuadros se hacían en una cadena de montaje,  en la década DE 1660-1670,  es una década dorada:   Santa María la Blanca; La  Caridad y apogeo los mecenas los pintores locales antes habían venido los extranjeros estos cuadros estaban expuestos en el claustro muy afectados por las condiciones climáticas de Sevilla se le pidió una serie de copias para un convento de Lima la casa profesa está estaba junto a la iglesia de la Asunción Juan Valdés leal nace en el hace en el cuadro del exorcismo como una obra de teatro Juan Valdés leal importancia del teatro profano hasta domingo de resurrección se hacía teatro sacado teatro sacro Juan Valdés leal y los autos de fe hace arquitectura delante del Palacio financiado por Justino de neves Velázquez era aposentador real y cuando un cuando la corte iba por Sevilla era el encargado se encargaba de estar de estos motivos de exaltación eso cismo demonio forma de dragón líneas de afecto miradas algunos personajes recuerda a Velázquez cierta la vieja friendo huevos vision de Cristo en exhorta antes de llegar a Roma con bastón con el libro de los ejercicios espirituales San Ignacio de Loyola organiza su orden como un tema castrense le llama la compañía en el segundo plano se ve un jinete perseguido persiguiendo a un jesuita símbolo de lo que le pasó a los jesuitas de Roma y algunas órdenes no querían algunas órdenes no querían la lo erasmista y lo de Lutero se nace Loyola montó en Roma un proceso inquisitorial y quiso demostrar que no era heterodoxo De Roma lo echan por no compartir el camino intermedio la Unión del cielo y de la tierra Francisco el mozo intervención de lo divino y de lo humano

 

FICHAS ATRIUM

 VALDÉS LEAL Y LOS JESUITAS

 Uno de los encargos más importantes que recibió Valdés Leal a lo largo de su carrera fue, sin duda, la serie realizada entre 1660 y 1664 sobre la vida de san Ignacio de Loyola para el claustro de la casa profesa de los jesuitas en Sevilla (fig. 6). El amplio número de obras que la forman debió de constituir un reto para su autor, que trabajaría además condicionado por las indicaciones del comitente y las limitaciones espaciales derivadas tanto del edificio como del formato y dimensiones de los cuadros. Para dar uniformidad al conjunto todos los episodios comparten un mismo esquema formal. En primer lugar, una escena que describe cada uno de los acontecimientos seleccionados para el ciclo. La figura de san Ignacio y el resto de personajes presentes se acompañan siempre con una imagen secundaria que ayuda a explicar y completa la narración del hecho principal. Estas historias son de pequeño y se sitúan en un segundo plano como parte del escenario del fondo. Este recurso compositivo lo empleará Valdés en otras ocasiones, como en la serie dedicada a los personajes de la orden jerónima que realizó para decorar la sacristía del monasterio de Buenavista, iniciada en 1656. Son en realidad una segunda pintura dentro del lienzo, en las que juega con el paisaje y las arquitecturas para proponer atractivas composiciones. En ellas el pintor trabaja de manera diferente a la escena principal, recurriendo a un trazo rápido y muy abocetado.

 La serie la formaban diez lienzos, de los que siete se conservan en el Museo de Bellas Artes de Sevilla, mientras que el que representa a San Ignacio convirtiendo a un pecador se encuentra en el convento de Santa Isabel de esta ciudad. Los dos restantes, dedicados al Encuentro de san Ignacio y san Francisco Javier y a La muerte de san Ignacio, se han perdido. Las pinturas narran tanto acontecimientos reales de la vida del fundador de la orden, de relevancia para la historia de la Compañía, como sucesos sobrenaturales que remiten a su proceso de conversión o a su capacidad para hacer milagros. A este conjunto se pueden añadir dos pinturas más de tema jesuítico que, aunque no formaran parte inicialmente del ciclo, e incluso es posible que no se encontraran en el claustro, fueron pintadas por Valdés para la casa profesa algunos años más tarde. Una de ellas representa a San Ignacio contemplando el monograma de la Compañía de Jesús y la otra, de carácter simbólico, es San Ignacio y san Francisco de Borja contemplando el monograma de la Compañía de Jesús y una alegoría eucarística (fig. 1), ambas en la colección del museo sevillano.

 

La serie, aunque desigual, presenta indudables aciertos tanto en la ordenación general de los episodios como en detalles de los personajes y escenarios. En líneas generales el juego de miradas y los gestos son muy expresivos, no exentos de una buscada teatralidad, como en el trance del exorcismo de un endemoniado, que constituye además un buen ejemplo de la facilidad del artista para crear figuras dinámicas que aportan veracidad. Resulta también notable el trabajo dedicado a las manos de los personajes, que representa desde distintos puntos de vista.

Para componer las historias el autor recurrió a diferentes fuentes grabadas, de entre las que destaca el conjunto de estampas incluida en una vida de san Ignacio impresa en Roma en 1609, edición promovida por la propia Compañía de Jesús con motivo de su beatificación. La publicación se ilustró con una amplia colección de grabados realizados por el artista flamenco Jean-Baptiste Barbé, en base a dibujos realizados por Pedro Pablo Rubens.

 Reseñamos a continuación las cuatro pinturas que la historiografía siempre ha referido como las mejores del conjunto, aportando después un breve comentario del resto de piezas.

 La Aparición de la Virgen con el Niño a san Ignacio (fig. 2) representa al santo ante la visión de Cristo Niño en el regazo de su madre. Parece recibir la bendición aprobatoria al devoto proyecto de fundación de la Compañía para lo cual ha velado las armas, al modo de la tradición caballeresca. La composición viene resaltada por el esquema diagonal en el que las figuras están tratadas con sumo cuidado y total acierto hasta en sus mínimos detalles. Valdés, que es un pintor un tanto irregular en su producción y en la aplicación de su técnica, hace en este caso un alarde de maestría y talento artístico, consiguiendo una de sus obras más sinceras. Es interesante el fondo de arquitectura en perspectiva, con el marcado suelo ajedrezado, en el que sitúa la escena, y que es tan del gusto de Valdés Leal.

 En San Ignacio de Loyola haciendo penitencia en la Cueva de Manresa (fig. 3) se nos muestra una escena de gran expresividad en la que aparece el santo arrodillado en medio de un paisaje de frondosa naturaleza recibiendo un rayo de luz, que emana de un crucifijo que se dispone a la izquierda. En el ángulo inferior izquierdo, aparece una calavera sobre la que se abre un libro, y sobre éste un cilicio. A la derecha, al fondo, en un segundo plano, sobre un trono de nubes se alza Dios Padre acompañado de la Virgen, que parecen dictarle a san Ignacio sus escritos.

 

San Ignacio de Loyola exorcizando a un endemoniado (fig. 4) narra el exorcismo de un joven por parte del santo ante la presencia de dos personajes, uno femenino y otro masculino. Toda la acción principal se desarrolla en la parte derecha del lienzo para dejar visible una segunda escena, referida también a la vida de San Ignacio, que se recrea en un plano posterior.

 En la Visión de San Ignacio de Loyola en las calles de Roma (fig. 5) se narra la visión que san Ignacio tuvo de Jesucristo con la cruz a cuestas. A la izquierda, aparece el santo, arrodillado, en actitud de respeto ante la presencia de Jesucristo que, vestido con túnica blanca, aparece a la derecha cargando con su cruz. Desde lo alto contempla la escena Dios Padre desde un trono de nubes y ángeles. En la escena del segundo plano contemplamos a un soldado a caballo del que huye un jesuita, imagen que posiblemente remite a la hostilidad que encontraron los primeros miembros de la compañía cuando intentaron establecerse en la capital del papado.

El resto de obras que integraron el encargo son la Visión de San Pedro por San Ignacio en Loyola, milagro que acontece en su convalecencia tras la batalla de Pamplona de 1521; San Ignacio recibiendo la bula de fundación del Papa Paulo III; San Ignacio y San Francisco de Borja contemplan una alegoría de la Eucaristía (fig. 1), en la parte inferior se ven los "Ejercicios Espirituales" de san Ignacio y "La diferencia entre lo temporal y lo eterno" del padre Nieremberg; San Ignacio de Loyola recibiendo del cielo el nombre de Jesús; y por último El trance de San Ignacio de Loyola en el hospital de Manresa, que narra cuando, creyéndosele muerto, lo fueron a enterrar, momento en el que se despertó causando la sorpresa entre los presentes.