Arzobispo Juan de Cervantes
Apoteosis de San Hermenegildo (Fco Herrera el Viejo )
FICHA DE ATRIUM
SAN HERMENEGILDO Y LA
CONTRARREFORMA La figura de san Hermenegildo ha sido controvertida a lo largo
de la historia, resultando aparentemente opuestas las fuentes narrativas que
describen su vida. Mientras que los biógrafos externos como Gregorio de Tours y
Gregorio Magno nos lo presentan injustamente perseguido y martirizado por el
único motivo de su conversión al catolicismo, los hispanos Juan de Bíclaro e
Isidoro de Sevilla ni siquiera mencionan esta mutación de sus creencias,
afirmando que el levantamiento contra su padre fue una acción meramente
política en buena parte fruto de las rivalidades entre su esposa Ingunda,
católica, y su madrastra Gosvinta, ferviente arriana. Hermenegildo (564-585)
fue hijo primogénito del rey Leovigildo y se educó en el arrianismo, corriente
mayoritaria en la Hispania visigoda. Su padre lo casa en el 579 con la princesa
franca Ingunda y lo envía a gobernar la provincia Bética, estableciéndose en
Sevilla. Ese mismo año se convierte al cristianismo y se autoproclama rey, llegando
a acuñar moneda con su efigie. Leovigildo organiza entonces un ejército y se
dirige a sofocar la rebelión, a lo que su hijo responde buscando la ayuda de
los bizantinos por el sur y de los suevos por el norte, lo que equivalía a
declarar la guerra civil. En poco tiempo logra controlar las plazas de Mérida y
Cáceres. Leovigildo intenta contrarrestar este avance convocando en el 580 un
concilio en Toledo que suprime la obligación de los católicos a rebautizarse si
se convertían al arrianismo, procurando así atraerse al partido católico. En el
plano militar recuperó Cáceres y Mérida el año 582, poniendo sitio a Sevilla al
año siguiente. Tras dos años de asedio el hijo rebelde huyó a Córdoba, donde
fue capturado por su padre y desterrado a Valencia. Tras un nuevo intento de
fuga a territorio franco fue otra vez encarcelado en Tarragona, donde se negó a
recibir la comunión de manos arrianas en la proximidad de la Pascua del año
585, aun sabiendo que éste era el único medio de congraciarse con su padre. En
la misma cárcel fue decapitado con hacha por un tal Sisberto. Aunque ninguna
fuente cita el martirio de Hermenegildo en Sevilla, Alonso Morgado y Ortiz de
Zuñiga transmiten la tradición oral según la cual los hechos tuvieron lugar
aquí, situando la cárcel en los terrenos que luego ocuparía la puerta de
Córdoba. Este recinto se convirtió pronto en lugar de culto y la vinculación de
Sevilla con el mártir arraigó con fuerza, pasando a ser considerado copatrono
de la urbe y de los conversos. La devoción cobró impulso cuando en 1453 el
cardenal Cervantes promovió la fundación bajo su patronazgo de un hospital y de
una capilla funeraria en la catedral, entrando así su culto en la liturgia
hispalense. Su canonización por Sixto V en 1585 a instancias de Felipe II, coincidiendo
con el milenario de su muerte, y el traslado de parte de sus reliquias desde
Sigena al monasterio del Escorial sirvieron para afianzar su devoción en toda
España. Felipe II fue el auténtico promotor de la figura de Hermenegildo,
movido, básicamente, por el interés que demostró a lo largo de su reinado en
dar lustre a las concepciones medievales de «linaje elegido» de origen divino.
Para esta labor resulto de gran importancia la contribución de su cronista
Ambrosio de Morales, que fijó oficialmente la versión histórica del personaje
de acuerdo con los intereses regios, convirtiendo el alzamiento político de
Hermenegildo contra su padre en una lucha religiosa contra la herejía,
justificando así las empresas militares de Felipe II contra las naciones europeas
que a finales del XVI apoyaron la reforma protestante, convirtiéndolo en adalid
de la Contrarreforma. SAN HERMENEGILDO EN EL MUSEO Ha sido en Sevilla donde san
Hermenegildo ha estado más ampliamente representado en la pintura, siendo el
periodo más fructífero el que va desde el último tercio del siglo XVI hasta
mediados del XVIII. A partir de 1671 y a causa de la canonización ese año de
san Fernando, su protagonismo pierde fuerza a favor del monarca castellano,
pasando a segundo plano su devoción y también su representación artística. En
nuestro museo de Bellas Artes el santo está representado por grandes artistas,
figurando por ello en obras que cuentan con una amplia bibliografía y que han
sido sometidas a depurados análisis. La iconografía de Hermenegildo quedó
pronto definida y asociada a una serie de atributos que le hacen perfectamente
reconocible. Por una parte vemos los que muestran su condición regia, la corona
y el cetro, y por otra, los símbolos de su condición de mártir, la palma de
martirio y la cruz, alusiva a su defensa de la fe. Pero el atributo personal y
más característico del santo es el hacha o segur, por ser el instrumento con el
que fue decapitado, pudiendo aparecer clavado en su cabeza, sostenido en una de
sus manos o portado por alguna figura secundaria. También destacan los
grilletes y cadenas referidos a su cautiverio. La fisonomía del santo es
siempre la de un joven barbado, con larga cabellera (característica de los
godos) y vestimenta a la romana. Comentamos en primer lugar el Tránsito de San
Hermenegildo, contratada en 1603 por Alonso Vázquez con el administrador del
hospital dedicado al santo en Sevilla, Bernardino Escalante, para presidir la
capilla del recinto, fundado en 1453 por el cardenal Cervantes. La marcha de
Alonso Vázquez a Nueva España en julio de ese mismo año determinó la
terminación de la obra por el pintor Juan de Uceda. Es la primera pintura de
gran formato dedicada al santo y es considerada uno de los primeros cuadros de
altar. La obra se divide en dos zonas de similar tamaño y separadas por gruesas
nubes que sirven de tránsito entre lo celestial y terrenal. En el terrenal,
arrodillado ante un estrado con cojín y tapete rojo, se dispone el santo con
los pies encadenados y con el hacha clavada en la cabeza. La obra, realizada
por Vázquez en plena madurez, presenta altas calidades tanto en el uso del
color como en la expresividad de los rostros de los personajes, entre los que
destacan los retratos de los benefactores del Hospital . En segundo lugar
mencionamos la Apoteosis de San Hermenegildo, obra realizada por Herrera el
Viejo en 1620, fecha en la que fue consagrada la iglesia del colegio jesuítico
sevillano de San Hermenegildo, a cuyo retablo mayor iba destinada esta pintura.
Se trata de un cuadro de altar de gran calidad y notables dimensiones. La audaz
composición está enriquecida por un excelente uso de la paleta cromática y por
una plenitud expresiva llena de naturalismo. En el centro de la composición
aparece san Hermenegildo de pie y de cuerpo entero sobre vaporosas nubes, con
rostro amable y mirando hacia el espectador, vestido a la romana con clámide
roja y en actitud triunfante levantando el crucifijo. En la zona terrenal se
disponen san Leandro y Recaredo niño ricamente ataviados, san Isidoro y un crispado
Leovigildo en actitud de sometimiento (figs. 3 y 4).



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