lunes, 25 de mayo de 2026

PINTURA SEVILLANA RETRATO INFANTIL EN EL XIX

 





Carlos Pomar Margrand (1851) Antonio María Esquivel [detalle ropa como adulto] 






Los Pajes de la Dagoresa (1888) José Villegas Cordero [detalle corona laurel]

Los Pajes de la Dagoresa (1888) José Villegas Cordero [detalle expresiones infantiles ]





El Infante Don Felipe 1730 (Bernardo Lorente Germán) [detalle Toisón de Oro] 

El Infante Don Felipe 1730 (Bernardo Lorente Germán) [detalle Maestranza de Caballería 

El Infante Don Felipe 1730 (Bernardo Lorente Germán) [detalle  otra condecoración] 



E
El Abad ( Virgilio Mattoni)  (1842-1923)  

(VISITA) LA PINTURA SEVILLANA UNA APROXIMACIÓN ICONOGRÁFICA BLOQUE II: ICONOGRAFÍA SECULAR Y CLÁSICA FICHA 15: RETRATO INFANTIL EN EL SIGLO XIX MUSEO DE BELLAS ARTES / ATRIUM / Guía Emilio Rubio / Temática infantil en el  XIX ( la próxima abordaremos la temática de los festejos con la Muerte de un torero de José Villegas)  Rocío es experta en tejidos de Uzbekistan (la serie de Domingo Martínez sobre las fiestas en el XVII  con las grandes carrozas)  representaciones infantiles se recoge hasta el XIX ,  pero Murillo influye como maestro en Bernardo Lorente Germán, el autor del cuadro el Infante D. Felipe )  fue un retrato de aparato en este caso el INFANTE DON FELIPE vestido de ¾,  otros tipos eran:  busto,  medio cuerpo,  3/4 y completo;  el formato de retrato oval pero con marco cuadrado,  Murillo ya lo introdujo en un enmarcamiento pétreo,  que indica fortaleza y solemnidad;  Bartolomé Esteban Murillo irrumpe en el panorama pictórico y introduce a los niños,  Niño Jesús juega con su primo San Juanito, da cualidades humanas a los niños,  también a los ángeles; Bartolomé Esteban Murillo baja la edad de los ángeles.  los trata como niños,  nuevo concepto de la escena infantil,  la pintura de género de denuncia social por la grave crisis económica y demográfica,  los niños pilluelos tienen una sonrisa,  Bartolomé Esteban Murillo restablece el modelo infantil;  Infante don Felipe todavía los ojos recuerdan a Murillo,  el hijo de Felipe VI, este monarca  llega al trono por azar,  es un reinado largo de 45 años de 1700 a 1746 ; Felipe V,  el animoso tenía trastornos,  era bipolar Felipe V comportamiento alarmante,  permanencia en el lecho durante meses no sé aseaba y no quería que le diera el sol,  Felipe V casa con María Luisa de Saboya tiene cuatro hijos, dos mueren y los otros dos son,  Fernando VI y Carlos III enviuda y casa con Isabel de Farnesio , le dio 7 hijos más,  era la que gobernaba y secuestra a los hijastros,  les marca la adolescencia y buscan que sus hijos tengan un buen casamiento,  el Infante Felipe se casa con María Luise, nieta de Luis XIII y lo nombraron duque de Parma y la duquesa de Parma estaba acostumbrada a vivir en Versalles;  entrega de princesas con el reino de Portugal,  rivera de Hervás,  Felipe a María Victoria, esposa de José I príncipe de Brasil y la Braganza se tendría que casar con Fernando VI,  Felipe V se queda en Sevilla 5 años,  sé trae la fábrica de tapices,  como Sevilla es la capital se hacen obras de infraestructuras por indicación de Isabel de Farnesio;  Isabel de Farnesio hace 3 maestranzas:  Sevilla Granada y Ronda y que el puesto más significativo de esas maestranzas tienen un uniforme muy singular,  casaca roja,  Felipe V propone que haya corridas para no tener el coso de madera,  en 1730 el coso se hace permanente,  hacen retratos de los hijos para que tener el recuerdo,  por si enfermaban,  el cuadro presidia  (como Hermano Mayor de la Maestranza) las reuniones y las corridas de la Real Maestranza de Caballería,  también las juntas de sus maestrantes;  el Infante Felipe destaca por ser estudioso de matemáticas,  astronomía y música, sabía varios idiomas ; al  infante Felipe se le hace un cuadro a través de Jean Ran , encargó un cuadro pero como no gustó y le encargaron otro a Eduardo Llorente, chaqueta alargada , chupa , casaca con aberturas para montar a caballo,  cerrada con muchos botones,  el chalequillo y camisa (como ropa interior)  y para que no se vea la camisa se cubre con un pañuelo , bocamangas adamascado y con encajes;  peluca empezó con Luis XIII que era calvo,  pelucas con crines de caballo,  el color rubio ceniza , se puso de moda en Francia;  y en Inglaterra el negro azabache,  pero recargaban los gustos,  el pelo de cabra era más económico;  condecoraciones toisón de oro (para conmemorar las luchas contra las tropas protestantes)  la Paloma de Pentecostés y la estrella con ramas dobles;  siglo XIX cambio por las familias burguesas,  CARLOS POMAR MARGRAND ( donado por Antonio Siravegne y Caridad Lomelino dona 74 cuadros y piezas de mobiliario) ; el dato escalofriante del 55% de niños fallecidos antes de los 10 años ; la textura del traje de terciopelo;  las familias pobres pensaban en el término productivos las niñas aportaban poco,  los niños estaban mejor alimentados , las madres Les hacían un retrato por si moría niño vestido como cualquier adulto,  después de la primera comunión se les pone ropa de adulto,  hasta la primera comunión niños y niñas iban vestidos iguales y tenían muchos amuletos,  por miedo a la muerte,  en la infancia se vendaban a los niños (fajados)  y a las niñas no se les quitaba;  los padres quieren inmortalizar buscando su futuro,  vestidos de militares, de  sacerdotes o monjas,  en esos años los niños varones van a clases fuera de casa,  las mujeres tienen clases dentro de casa;  los niños aparecían en el cuadro era como una escenografía,  tanto en la servidumbre,  ropa y juguetes)  Antonio María Esquivel recibe influencia de pintura inglesa,  motivo del fondo como jardines ingleses,  RETRATO DE IRENE JIMÉNEZ de 1889 Jiménez Aranda era muy avanzado, le imponían la pintura histórica pero después se abre a otras expresiones,  es muy preciosista,  en 1870 se va a Roma con García Ramos,  está 9 años en Italia visitando Venecia y otras ciudades,  conoce a sus pautas de la nuevas formas de expresión artística, sigue la corriente de su maestro Fortuny,  incidieron las vanguardias parisinas;  aquí pinta a su hija,  retrato de velazqueño siguen guiándose por las obras de los grandes maestros,  cuadro con mucha fuerza, la propia hija representada lo dona al museo, pero está triste el lenguaje no verbal tipo 3/4 ; PAJES DE LA DOGARESA de José Villegas Cordero su mujer Lucía Monti, una romana adinerada, su obra muerte de un torero tardó 10 años en ejecutarlo , fue un boceto para la obra Triunfo de los dogaresa (duquesa veneciana) este fue boceto del cuadro 5 m; aparecen en la tumba en el cementerio de José Villegas , otro cuadro de Virgilio Mattoni EL ABAD

 

FICHA ATRIUM

 

EL RETRATO INFANTIL Desde la Baja Edad Media proliferan los retratos infantiles en los ámbitos de la realeza y la alta aristocracia como objetos vinculados al protocolo que antecede a la firma de acuerdos matrimoniales. De esta forma se convierten en herramientas de gran utilidad para los diplomáticos comisionados a tal fin, resultando decisivos para obtener el beneplácito del futuro cónyuge. Estas obras, como es lógico, priorizan la idealización sobre la emulación naturalista, e introducen todo un catálogo de símbolos alusivos al linaje, virtud y riqueza del efigiado. Algunas de las mejores obras de Velázquez se encuadran en este género. A partir del XVIII el uso del retrato infantil se extiende a la burguesía y deja de ser exclusivo de las clases privilegiadas. Se vuelven además descriptivos y fieles al modelo, incluyendo elementos que indican méritos, virtudes y categoría social. Al parecido físico, logrado con maestría y oficio, se suma ahora la expresión del carácter, lo subjetivo e individual del retratado. En el XIX el movimiento romántico que triunfa entre la burguesía presenta a los niños con la ropa y sobria actitud elegante que caracteriza a esta clase social, cada vez más influyente. Las pinturas imitan el mundo de los adultos con niños vestidos de militares o religiosos que fuman en pipa o portan armas, algo que hoy veríamos políticamente incorrecto. En este momento Antonio Mª Esquivel se encumbra como el más valorado retratista de niños de la escuela española. En sus obras plasma con especial habilidad la ternura, el candor y la psicología de la infancia, además de ofrecer un veraz testimonio de las modas imperantes por la precisa observación de la indumentaria. La lectura documental de estas piezas se enriquece con la introducción de elementos propios del entorno infantil como animales de compañía o juguetes (aros, tambores, muñecas o caballos). El vestido no se diferencia del adulto excepto en la talla, salvo escasas salvedades como la introducción en los femeninos de faldas cortas que dejan ver las piernas con pantalones de volantes. En los masculinos predomina el traje de inspiración militar que se emplea para recibir la primera comunión, a saber, chaqueta con solapa de raso, camisa blanca con corbatín y pantalón. Se percibe asimismo un proceso de pérdida de rigidez y envaramiento, donde las siluetas se suavizan como consecuencia del corte de las prendas en ángulos curvos y del empleo de una mayor gama cromática. El estilo pulcro de esta corriente se aprecia especialmente en las texturas y brillos de los trajes, que se captan con minuciosidad. RETRATOS INFANTILES EN EL MUSEO DE BELLAS ARTES RETRATO DEL INFANTE DON FELIPE (fig. 1). Bernardo Lorente Germán, 1730. Adquirido por la Junta de Andalucía en 2002, presenta al infante con 10 años de edad en giro de tres cuartos, vestido a la usanza de la época con casaca roja de bordados plateados, y con los atributos propios de su rango; Toisón de Oro, insignias de las órdenes del Espíritu Santo y San Juan y emblema de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla. El formato ovalado responde a las preferencias de la retratística cortesana del momento, de marcado gusto francés. El cuerpo está levemente girado para mirar de frente al espectador, con la mano izquierda apoyada en un sillón y la diestra levantada apuntando hacia fuera del cuadro. Un cortinaje cubre el fondo del lienzo, en cuya parte izquierda se advierte una ventana a modo de punto de fuga en la que aparece un celaje de tonos dorados y azules. El traje, modelo de origen francés adoptado por la corte desde la llegada del primer Borbón, se compone de casaca, chupa y calzón. La primera es ajustada al torso, con falda de vuelos, cuatro bolsillos de distintas formas adornados con botones y mangas pagoda, estrechas en los hombros y muy anchas en los puños, que se decoran con bordados (fig. 2). La chupa, ajustada y con mangas, se solía realizar de una pieza con la misma tela que el forro de la casaca. El calzón llegaba hasta debajo de las rodillas, incluyendo aperturas laterales que se cerraban con botones o cintas de seda. A este conjunto se añaden guantes, medias, peluca, sombrero, corbata, pañuelo, ropa interior de ricos encajes y zapatos con hebillas y tacón. RETRATO DE CARLOS POMAR MARGRAND (fig. 3), Antonio María Esquivel, 1851. Aparece en primer plano la figura en pie del niño con una fusta en su mano derecha y sosteniendo las bridas de un caballo de cartón con la izquierda. La obra evoca con acierto el ambiente infantil gracias a su esmerado dibujo, riqueza cromática y al paisaje de fondo de inspiración inglesa. El traje no se diferencia de la moda adulta, y sus juegos reflejan las tareas que habrían de desempeñar cuando, pasados los años, asumieran el rol de sus antecesores. LOS PAJES DE LA DOGARESA (fig. 4), José Villegas Cordero, 1888. Villegas representa en esta escena todo el lujo y suntuosidad de la Venecia renacentista con notable esmero y rigor en la plasmación de indumentarias (brocados y terciopelos), objetos simbólicos y arquitectura. En el centro, precediendo la pequeña comitiva, aparece la figura del paje más joven con calzas rosas y jubón dorado, portando sobre un almohadón una corona de laurel. La seriedad de este muchacho, pese a su expresión dulcificada, contrasta con las más relajadas actitudes de los otros dos niños, que crean una tierna y encantadora atmósfera. La meticulosidad con que detalla toda la obra delata que esta tela, a pesar de nacer como un estudio preparatorio para el gran lienzo del Triunfo de la Dogaresa, fue terminada por Villegas como pieza autónoma. RETRATO DE IRENE JIMÉNEZ (fig. 5), José Jiménez Aranda, 1889. Representa a la hija del pintor durante su estancia en París. Aparece con la mirada perdida, muy seria, cansada y aburrida de posar. Es esta naturalidad, junto al trazo suelto y al contraste cromático entre el vestido y el fondo, lo que otorga fuerza a la obra. Esta pieza de aires velazqueños obtuvo dos medallas de oro internacionales (París en 1889 y Berlín en 1893), y fue donada al museo por la efigiada junto a un autorretrato del artista y un retrato de su madre. Al ser la primogénita, Irene heredó los tres lienzos, fundamentales en el conjunto de la producción de su padre. Bernardino de Pantorba, nieto del pintor, describe así el legado en un artículo de prensa de 1953: "Dentro de breves días contará nuestro museo con tres cuadros que incorporan a su catálogo el nombre, hasta ahora ausente, de uno de los pintores sevillanos más insignes de su época. Hoy ha quedado subsanada esta falta gracias al generoso amor a Sevilla de una de las hijas del maestro


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