martes, 10 de marzo de 2026

PINTURA SEVILLANA : PINTURA REALISTA (COLECCIÓN BELLVER )

 







































 (VISITA) LA PINTURA SEVILLANA UNA APROXIMACIÓN ICONOGRÁFICA BLOQUE II: ICONOGRAFÍA SECULAR Y CLÁSICA: PAISAJE REALISTA COLECCIÓN BELLVER / ATRIUM / Guía Emilio Rubio / Paisajes románticos en el cuadro “Camino de la Feria” paisaje falso,  idealizado;  “Paisaje sevillano” vista de Sevilla edificio con actividades fluviales,  acomoda todo al paisaje romántico,  de estudio,  falso;  PAISAJE CON PASTORES Y GANADO paisajes inventados,  conceptos que no se ajustan a la realidad, en 1835 cambia con los pintores franceses de “Au plein air” es un paso adelante por avances tecnológicos como el bote de pintura (antes se tenían que hacer los colores manualmente , era de uso diario);  aparece el   caballete portátil y el ferrocarril,  fundamental para la pintura realista;  en 1850 los pintores de Paris se instalan en el bosque de Marvizón;  empiezan sus pinturas al aire libre pero no se termina en el campo, sino en los talleres,  se termina en el estudio, la ciudad se vuelve incómoda por la industrialización dentro de las ciudades;  en Sevilla , algunos conventos se destinan a fines industriales:  ruidos,  olores,  contaminación ambiental,  en Triana había 200 alfares y tejares;  búsqueda de la huida de las ciudades;  Andrés Cortés se hace discípulo de Millet y los parámetros los marca Corot , Rousseau y Millet, tenían sus atelier cerca de Marvizón; pintura de tono naturalista,  hay una intensificación del realismo,  llamado virtuosismo ; Mariano Fortuny representante de esta tendencia de pintura realista;  escuela jardines de flores,  con hojas pasadas;  pintura de “casacones” para el mercado norteamericano; Fortuny, Madrazo y Martin Rico proceden de la escuela de Marvizon y Martí Alsina ( Cataluña) Carlos de Haes ( Madrid)  Villarmir era su maestro; capítulo central lo representa Martín Rico , Fortuny , Sánchez Perrier y Aranda se empapan del virtuosismo preciosista; PRADERA CON VACAS de André Cortés , Antonio se queda en Francia pintura de Marvizón, los animales miran inmóviles y retantes, parece que se escucha los insectos,  el fluir y del agua,  hay nostalgia y añoranza por el campo,  por no pensar en la ciudad contaminada,  este capítulo del paisaje ese el mejor representado en esta colección,  la pintura francesa en este momento Antonio Cortés se mueve en el impresionismo;  PROMENADE Jiménez de Aranda (1881) en Francia la pintura realista es el impresionismo,  pero al realismo se vendía muy bien en Estados Unidos;  Jiménez de Aranda estaba muy cotizado en USA,  los marchantes lo preferían al impresionismo, Sevilla vuelve a la cúspide con Jiménez Aranda, hasta entonces los pintores imitaban a Murillo y no había talento;  Sevilla del XVII a principios del XIX  no se destacaba,  pero con el realismo se vuelve a estar en el candelero;  José Villegas en Roma y José Jiménez Aranda en París,  estaba muy cotizados;  Fortuny muy cotizado, los marchantes se rinden ante él,  le respetaban los transgresores y los académicos;  Fortuny distorsionaba los laterales para centrar la imagen en lo que más quería destacar;  de otoño a invierno estaban en Sevilla,  en primavera en Venecia y en verano en París;  Bellver tenía pocos recursos económicos,  hizo dinero con el arte,  por la compra venta,  la que se genera ingresos,  la mejor colección de pintura realista de Sevilla,  por ejemplo Emilio Sánchez Perrier referente mundial del paisajismo;  PROMENADE gamas de verdes,  Fortuny inventa colores,  SALA DE SÁNCHEZ PERRIER ; PAISAJE CAMPESTRE de Emilio Sánchez Perrier,  formato tomado de la pintura histórica,  perspectiva acelerada de Van Gogh,  ya lo ponía en práctica Fortuny,  los 5 años de Fortuny,  Madrazo y Martín Rico;  taller de Fortuny en el Realejo de Granada,  el atelier se convierte en templo y visita de todos los artistas,  colecciones, muchos  brocales de pozo y piezas nazaritas,  la estancia en Marruecos de Fortuny influyó en la escuela del realismo sevillano;  Sánchez Perrier y otros;  EL CASTILLO DE ALCALÁ DESDE EL ADUFE en la colección Bellver hay cuadros muy dispersos en calidad pero era muy representativo de una colección del gusto del propietario;  MOLINOS DE ALCALÁ ; Escuela de Alcalá Emilio Sánchez Perrier,   Manuel García Rodríguez (LA TARDE EN ALCALÁ) y José Pinel Llul (MOLINOS DE ALCALÁ   PAISAJE DE ALCALÁ José Pinel Llul llevó obras a Buenos Aires y tuvo mucha repercusión económica, fue una gran idea y le llamaban el pintor marchante;  El Tren del pan, línea de cercanías,  tren de los panaderos,  los artistas iban hasta Alcalá;  García Rodríguez pintaba abanicos y cerámica para poder vivir se formó en un centro religioso gracias al apoyo de una beata, pero se rebeló y se dedicó a hacer decorados; muchos pintores se montaban en el tren sin pagar García Rodríguez andaba mucho y decía que lo bonito siempre está lejos;  paisajes realista suele ser en crepúsculo y al atardecer,  genera poética del silencio,  soledad la presencia del hombre está en los aperos de labranza;  PAISAJE CAMPESTRE florecillas, distorsión lateral,  influencia de las estampas japonesas,  aprovecha árboles sin hojas;  LA TARDE ALCALÁ Manuel García Rodríguez palomas,  árboles de ribera,  reflejos del agua;  cuadros de pequeño tamaño tipo folio,  tabletin,  el despacho burgués no necesita mostrar los ancestros, orígenes y méritos,  sino necesita la pintura reconocida burguesa,  el paisaje no aparece como motivo específico hasta el XIX , género específico;  Martín Rico aprende los reflejos del agua y galerías de verde;  Alcalá se convierte en lugar de peregrinación para pintores de todo el mundo hasta el siglo XX;  para Carmen Laffon, Joaquín Saenz y Duclós los cometidos del paisaje para cerrar distorsión estaban laterales para centrar la imagen,  para la escuela de Alcalá es el crepúsculo;  RIBERA DEL GUADALQUIVIR Manuel García Rodríguez 1894,  fondo de la Cartuja,  poste eléctrico,  TRIANA 1924 José Arpa Perea se busca la vida en otras tareas como profesor en México,  por prestigio de las academias de Sevilla,  en verano pinta el Cañón del Colorado y vende mucho en EEUU,  LOS RECOVEROS de José de la Vega Muñoz , escenas de un patio con pollos y gallinas;  del paisaje urbano al paisaje deshabitado y después la pintura de naturaleza a paisajes urbanos de interior,  con jardines

 

FICHAS ATRIUM

PAISAJE REALISTA EN LA COLECCIÓN BELLVER La pintura de paisaje, valorado como género gracias al ideario romántico, evolucionó desde el último tercio del XIX hacia la nueva plástica realista. Se trata de un paisaje directo del natural, realizado au plein air, “al aire libre”; y que, al perder cualquier énfasis argumental, tiende a la objetividad. Su origen está en Francia, en los artistas que conformaron la llamada Escuela de Barbizón, donde observaron los efectos lumínicos y atmosféricos en sus más variadas manifestaciones. En España, los asuntos se centraron en el mundo rural, la montaña y la marina. En el paisajismo español sobresalen Carlos de Haes, en Madrid, y Ramón Martí Alsina, en Cataluña. En lo que concierne a Sevilla, en 1872 los artistas se asociaron para crear la Academia Libre de Bellas Artes, centrada en el cultivo de ejercicios sobre modelos del natural realizados al aire libre. En 1873 se inauguró una línea de ferrocarril que comunicaba la capital con Alcalá de Guadaíra y poco más tarde se funda en el Ateneo la Sociedad de Excursiones, que organiza salidas a distintos pueblos de la provincia. Al amparo de estas iniciativas un grupo de pintores encabezados por Sánchez Perrier se reúnen en Alcalá para pintar paisajes, creando la escuela del mismo nombre. Los paisajistas incluidos en la donación Bellver, todos andaluces, no fueron ajenos a lo anterior. El sevillano Antonio Cortés Aguilar, hermano del pintor romántico Andrés, realizó en Francia su Troupeau, “Rebaño”, donde se advierten conceptos estilísticos de la Escuela de Barbizón, pues no en vano fue discípulo de Troyon, uno de sus integrantes. También allí José Jiménez Aranda pintó su acuarela Promenade, “Paseo”, donde con gran habilidad captó lo efectos de la luz solar filtrada a través del ramaje arbóreo (fig. 1). El mejor paisajista de la escuela realista sevillana, Sánchez Perrier, asimiló en Paris la obra de Corot y del resto del grupo de Barbizón. Los motivos fluviales son sus preferidos: cauces o recodos de solitarios ríos con riberas pobladas de espesa vegetación y árboles de finos troncos, en cuyas plácidas aguas incide la luz ambiental interpretada con sentido lírico y melancólico. No es de extrañar que, al regresar, hallara las condiciones apropiadas para su sensibilidad en el entorno de Alcalá de Guadaira. Su visión serena, apacible e íntima de la naturaleza se puede admirar en obras como Ribera del Guadalquivir (fig. 2), Ribera del Guadaira, Atardecer a las Orillas del Guadaira (fig. 3) o Paisaje campestre. El carácter tímido, silencioso y reservado de Manuel García Rodríguez se adaptó bien al remanso y a la pureza de los parajes alcalareños. Este exquisito pintor hispalense proyectó su temperamento nostálgico en sus cuidados paisajes, materializados con delicadeza y espontaneidad. Así lo prueban La tarde, por el que obtuvo medalla de segunda clase en la Exposición Nacional de 1890; El castillo de Alcalá de Guadaira desde el Adufe (fig. 4) y Pinos en el camino de Alcalá de Guadaira. Las inmediaciones del antiguo Betis a su paso por Sevilla fueron plasmados en Ribera del Guadalquivir (fig. 5) y Orilla del Guadalquivir en Triana (1892). Otro buen paisajista fue Pinelo Llull, que además, como promotor de exposiciones, difundió la pintura española por América. Está representado con varios paisajes campestres y fluviales, de los cuales, tres pueden identificarse con la ribera (1883), los molinos de agua (fig. 6) o algún camino serpenteante de Alcalá (1912). La influencia del ya referido Carlos de Haes, que estuvo vinculado a Málaga, desde su infancia, se sugiere en el quehacer de otros pintores andaluces de segundo orden. Tal es el caso del jerezano José Franco, representado con Paisaje Campestre; o del malagueño Gómez Gil, con la pareja formada por Paisaje fluvial y Paisaje de montaña, que ejecutaría bien entrada la nueva centuria. En este último, sin embargo, no disimula su conocimiento del postimpresionista Paul Cézanne. Coetáneo al anterior, el pintor sevillano Javier de Winthuysen pintó otro lienzo homónimo cuya pincelada denuncia su personal filiación al Impresionismo, corriente a la se que adscribió tras su viaje a París en 1903. Respecto a las marinas, el modo realista de concebir el paisaje propició una nueva forma de encarar las pinturas dedicadas al mar, que puede o bien ser el protagonista principal del cuadro o bien aparecer en segundo plano. Embarcaciones y muelles se convierten pronto en los motivos centrales de estas obras, en detrimento de las localidades portuarias que, al ser relegadas al fondo de la representación, suelen desaparecer. Por tanto, a veces resulta difícil identificar la ubicación si no es indicada por el artista, como afortunadamente sucede en los ejemplares de esta colección. Al malagueño Enrique Florido Bernils corresponde Puerto de Málaga. José Lafita Blanco, natural de Jerez pero formado en Sevilla, era militar de profesión. Mientras estuvo destinado en Cádiz pintó Atraque de veleros en el Puerto de Santa María y Barcos en la Bahía, pareja de 1883; así como Barcas en la playa de Rota (fig. 7), lienzos interesantes por adscribirse a una temática escasamente tratada en la historia de la escuela hispalense. Especial mención merecen por su tratamiento dos obras de asunto marinero realizadas por Ricardo López Cabrera, Pesca en Chipiona (fig. 8) y Lectura en la playa de Rota. En ellas, a diferencia de los paisajes que los pintores sevillanos realizaron en Italia, el autor se preocupa más de los valores plásticos que de los aspectos temáticos y descriptivos. En particular, se centra en el gusto por la captación de la luz, de sus contrastes y calidades, no sólo en las reflectantes superficies acuáticas, sino también en los brillos, penumbras y demás efectos lumínicos que inciden en los personajes, en su indumentaria y en los objetos que los acompañan. Ello responde a la clara admiración del artista por el luminismo de la pintura levantina, encabezada por el prestigioso Sorolla. El interés de los pintores por la captación de la movilidad del agua nos permite dar paso a las vistas urbanas de Venecia, uno de los temas pictóricos puestos de moda por el mercado artístico internacional. El madrileño Martín Rico fue el “vedutista” español más reconocido. Su técnica preciosista deriva de su reconocido entusiasmo por Fortuny, a quien acompañó a Italia en 1872, quedando impresionado por la mágica ciudad de los canales. El malagueño Antonio Reyna Manescau se especializó en coloridas vistas venecianas, como las que representan La dársena de san Trovaso (fig. 9) y Venecia desde santa María del Giglio. Rafael Senet, antes de su regreso a Sevilla en 1890, recreó El embarcadero de la plaza de san Marcos, Canal con el Campanile de santa Fosca y La pesca en la laguna de Venecia. Aquí se custodia asimismo El traghetto de la Salute, lienzo de hacia 1882 que fue propiedad de José Villegas a partir de 1914


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