(VISITA) LA PINTURA SEVILLANA UNA
APROXIMACIÓN ICONOGRÁFICA BLOQUE II: ICONOGRAFÍA SECULAR Y CLÁSICA FICHA 21: MODA
MASCULINA EN EL SIGLO XIX MUSEO DE BELLAS ARTES; Siglo XIX moda masculina, cambios indumentaria en los hombres y también
la actitud de los hombres, el siglo fue muy convulso y quisieron compensar los
cambios producidos; RETRATO DE DON JOSÉ DUASO (Francisco de Goya y Lucientes), canónigo con Cruz de Carlos III; esta
distinción era para los hombres, hasta 1982 que se le concedió por primera vez
a una mujer, solo hombres de la orden
donde el Gran Maestre es el rey y el Gran Canciller el presidente del Gobierno;
José Duaso salvó todas las joyas y la
plata de los Reyes durante la invasión francesa; el estado cedió esta obra impresionante de
Goya al Museo de Bellas Artes de Sevilla; avatares políticos del XIX, Guerra de la Independencia,
la guerra marcó un antes y un después,
tras el desastre de Trafalgar, los
franceses llevan mal el éxito británico, Inglaterra se apoya en Portugal el Gobierno de
Godoy y Napoleón fuerzan el tratado de Fontainebleau, repartieron el país portugués en dos, el norte para los franceses y el sur para
España, se permitió la entrada de tropas
francesas en España para invadir Portugal, en septiembre de 1807 entraron por Irún, en una
primera oleada 50.000 hombres el gobierno sigue adelante con el tratado, ya en 1808
hay cerca de 90.000 soldados; la corte la llevan Aranjuez pensando en
trasladarse a Sevilla, para después irse a América; la Guerra muy dura y se extiende de 1808 a
1814; Fernando VII consigue que Carlos IV,
su padre, abdique en su persona Carlos
se le representa vestido de militar pero no pisó nunca el frente; las muertes de esta guerra se calculan en 200.000
bajas francesas y 400.000 españolas; tenía el estado una deuda de 14 millones de
reales, se restituye a Fernando VII y se implanta el absolutismo, persigue a los liberales, Goya cede su casa de la Quinta del Sordo en
favor de su nieto, se refugió en Madrid
( en casa de José Duaso) , después se fue a Zaragoza ; José Duaso acogió a muchos
liberales, fue vicario general de los
ejércitos, Goya lo pinta con 78 años
tenía el saturnismo (enfermedad crónica provocada por la acumulación de plomo
en el organismo (sangre, órganos, huesos) debido a la inhalación o ingestión de
este metal) por el color blanco de sus pigmentos, el saturnismo pérdida respiratoria y sordera;
el cuadro es totalmente velazqueño (yo
me había dado cuenta); cuadro en
tinieblas, comía bien, sotana no destaca; Goya transmite el retrato psicológico demuestra
intelectualidad, le coloca un solideo ; cruz de Carlos III tiene en el centro
una Inmaculada; el cuadro fue a una
exposición en la National Gallery, se
estudió y está repintado sobre un motivo de un joven liberal; Andres de Siravegne dona 74 obras de
Antonio María Esquivel y Gutiérrez de la Vera ; el Bellas Artes fue
incorporando obras del XIX también donó
este noble mobiliario de época; Esquivel
hizo retratos infantiles, antes no era costumbre, la burguesía (industriales y banqueros) empieza
a encargar cuadros, cambio de mecenas, en el XIX,
cambios políticos Fernando VII le sustituye Isabel II, pero asume la regencia su madre , María
Cristina se casa en secreto con un militar y tiene 8 hijos, salen muchos opositores Carlos María Isidro
se aprovecha y propone las Guerras Carlistas que defendían que no deberían
reinar las mujeres, obligan a dimitir a María Cristina y se hace regente el
general Espartero, la reina II, con 13 años, como había muchas deudas se procede a la de Desamortización para
compensar dichas deudas, llegan los
burgueses para comprar y para reafirmarse los anti monárquicos consienten la
burguesía, esta nueva élite se opone
a la estética del período anterior, se empiezan unos catálogos de moda, estos libros sobre urbanidad y nuevos gustos
para tener prestigio, en el XVIII solo
hubo 44 libros, en el XIX hubo 400 libros,
no se quería la influencia francesa, en la burguesía su armario es modesto, no querían excentricidades y preferían el negro,
el negro era muy presuntuoso porque el tinte negro era el más caro, la democratización se ve en los colores pardos,
eran más baratos; uno de los cuadros donados por Andrés Siravegne
es EL SEÑOR DE BOJONS (Antonio María de
Esquivel) de 1857; Antonio María
Esquivel pinta a la élite y pinta a la princesa hermana de la duquesa de Montpensier,
le entra una enfermedad y se queda ciego,
se quiso suicidar arrojándose al
Guadalquivir, sus amigos venden sus
obras para que lo atiendan un oftalmólogo francés, recuperó la visión, fue nombrado pintor de
corte, murió a los 51 años; EL SEÑOR DE
BOJONS en el cuadro se ve un mueble canapé damasquinado, fondo neutro, personaje seguro de sí mismo, el lenguaje no verbal, manos separadas y abiertas, piernas cruzadas (
gesto no permitido a las mujeres) presentaba la moda inglesa, Bryan Brummel, americano
y su gusto por la apariencia, estudiaba
en Eton y el rey Jorge IV también, lo
nombró consejero para el guardarropa, es un impulsor del dandismo; el terno lo suponían: la chaqueta o levita, el pantalón y el chaleco; antes del pantalón había
calzón, la camisa no cuenta (por ser
ropa interior) , el pecherín tableado y con corbata (hay 22 formas de anudar), con nudo, en este caso, de camarero, establece el aseo diario, patillas y barbas recortadas, bigotes finos cosmética masculina (con leche),
polvo rosa, hoja de tabaco para tener los dientes blancos,
fumar solo de día y pidiendo permiso a
las mujeres, proliferan los clubs de
fumadores, en esos club había chaquetas
para cambiar para que no oliera y de ahí el nombre de smoking, camisa era despectiva, era prenda interior
había florituras, no podía quitarse la
chaqueta , la toilette consistía en : se le hace al señor un champú y mientras
toma el baño y bebe chocolate, consulta los periódicos, su estado de ánimo y su valet elegirán la ropa,
al mediodía pasarán al vestidor y sus opciones ¡¡¡ era una toilette eterna ¡!!!
; los hombres empiezan a usar la joyería, la chaqueta se abría a la espalda en dos para
montar a caballo, lo normal era tener una relación extra matrimonial, se observa en el anillo , el rey mantenía una
relación que se confirma en las cartas, en
esos anillos se pintaban ojos, se abría y dentro había un cabello , (si el
amante había muerto se pintaban los ojos y cejas entre nubes), los dandis eran muy coleccionistas; JOSÉ
DOMÍNGUEZ BÉCQUER pintado por Antonio María Esquivel (aparece en la
máquina de coser) en este cuadro aparece chaqueta de color morado, no es de
alta sociedad, José Domínguez Bécquer y
Antonio María Esquivel eran muy amigos, se casaron a la vez y fueron testigos
recíprocos, vendía cuadros a los
viajeros románticos extranjeros, poca
producción, era el padre del poeta y Gustavo
Adolfo escribía en los libros de cuentas, escribía poemas a los 9 años (en el libro de
cuentas aparece que tenían criadas); en
el cuadro se observa levita afrancesada, gran solapa está en torno a los años 40, por la chalina (origen de la corbata) e
influencia francesa; forma del nudo a la rusa (por el frío), pelo con tupé y de moda el cabello rizado; botonadura del pecherín, solo era una prenda
en el pecho no se desabrochaba, se
abandona en las chaquetas la botonadura dorada vestigio de los militares; calzoncillos largos y cortos, se anudaban en la cintura; GUSTAVO
ADOLFO BÉCQUER pintado por Valeriano Domínguez Bécquer fue
intentando vender a Sotebhys y la Junta de Andalucía ejerció el derecho de
retracto; se observa la capa, prenda de mucha
etiqueta, el pintor lo ennobleció, poniéndole capa, un tío de ellos les propuso entrar en las
academias de Bellas Artes, Gustavo era
pintor y músico, Valeriano con desavenencias amorosas hacía pequeños cuadros, se enamoró de una damisela rubia, hija de un
marino irlandés Winnefred Coghan, el suegro le dijo a Valeriano que ojalá fuera
Velázquez; Winni lo abandonó a él y a sus hijas, cuando eran pequeñas, Gustavo Adolfo lo acoge y Valeriano le hace el
cuadro, muchos contrastes con los puntos
de contraluz, con la capa y cielo
tenebrosos, Valeriano muere muy joven, Gustavo dijo que Valeriano “era un gran pintor
y nunca pinto nada” y el poeta murió 3 meses después
FICHA ATRIUM
MODA MASCULINA EN EL SIGLO
XIX La indumentaria varonil durante el
XIX tiende a la simplificación. Aunque se mantiene la influencia de los cortes
militares del XVIII, sobre todo en las prendas superiores, se olvidan casi por
completo el colorido y los excesos decorativos del barroco, como los alamares o
las puñetas. Se adopta ahora, muy influenciado por la corte de los Montpensier,
un ropero austero, con el negro y los pardos como tonos predominantes, aunque
la camisa sigue siendo blanca. Hecho significativo fue el abandono del calzón
en favor del pantalón, con diferentes estrechos a lo largo del siglo. Fue éste
uno de los símbolos de democratización en la moda, pues a fines de centuria
todas las clases sociales usarían pantalones. El traje masculino, también
denominado terno, constaba hasta 1840 de tres piezas, chaqueta o levita,
pantalón y chaleco. Este último, inseparable de las otras dos hasta ese
momento, fue perdiendo adeptos de forma paulatina hasta desaparecer casi por
completo en los sesenta, cuando se impone el traje con sólo pantalón y levita.
En esta línea los tejidos y cortes tienden a la sencillez, hacia una
homogeneización que convierte el atuendo masculino casi en un uniforme. Estas
preferencias transmiten seguridad y respeto. Por otra parte, el género
pictórico del retrato, fundamental para el estudio de la moda, se extiende en
el XIX a estratos sociales que adquieren ahora poder adquisitivo, destacando la
burguesía mercantil y agraria (nacida con la desamortización), que abraza con
entusiasmo el hábito de contemplarse en una obra de arte. Los eventos sociales
y la vida opulenta son ahora los protagonistas del retrato. La escuela
andaluza, y en especial la sevillana, encuentra su clientela en esta burguesía
acomodada y urbana que añora desde la ciudad los valores folclóricos del
entorno rural. Con el ascenso de esta clase nace un retrato diferente, menos
envarado, en el que cobra gran importancia la psicología del efigiado,
despojado de lujo y boato, y la plasmación de su propia individualidad a través
del reflejo de los gestos intrínsecos, en lo que ha venido a llamarse retrato
intimista. Citamos seguidamente algunos ejemplos que de esta variante del
género conserva el museo, atendiendo sobre todo a la descripción de su
vestuario. Comenzamos con el Retrato de don José Duaso, soberbia pieza de 1824
firmada por Francisco de Goya. De origen humilde, este clérigo oscense fue
nombrado por Carlos IV en 1805 capellán real, ejerciendo como consejero del
monarca durante la guerra de Independencia. Luego fue diputado en las cortes de
Cádiz y bibliotecario de la Real Academia. En enero de 1824, establecido de
nuevo el absolutismo, un Goya ya anciano se refugia en su casa madrileña,
pintando el retrato en agradecimiento a sus atenciones. La figura viste sotana
negra sobre la que lleva manteo y solideo del mismo tono, que se funden con el
fondo oscuro. Son notas de color la Cruz y la placa de Carlos III que porta
sobre el pecho, así como el breviario rojo que sostiene en la mano izquierda.
Sobre la gama de negros destaca la cabeza luminosa, donde mezcla blanco, carmín
y negro para conformar un rostro de desbordante vitalidad y franqueza (fig. 1).
En la obra sobresale, aún por encima de su mérito artístico, el valor
documental de evocar una época de la vida del artista marcada por intensas
emociones y vivencias. En 1969 el Estado la adquiere a los descendientes de
Duaso para el museo de Sevilla. En segundo lugar comentamos el Retrato de
Domingo Pérez Ansoátegui, de Federico de Madrazo y Kuntz, ejecutado en 1842. El
autor, como todos los de su saga, es un sobresaliente
retratista que capta la esencia del personaje con esa elegancia y melancolía
propias del XIX. Sedente y de tres cuartos, viste levita negra y pajarita de
raso anudada al cuello que resalta sobre la camisa blanca, cuyos encajes de
factura abocetada contrastan con el preciso
acabado dibujístico del rostro (fig. 2). Muy interesante en cuanto al
atuendo es el Retrato del señor Bojons, obra de Antonio María Esquivel de hacia
1850. La indumentaria muestra tres colores (negro, amarillo y blanco), algo
singular si consideramos que la levita y el pantalón negro se imponían por
estos años, de manera que combina el dandismo de comienzos de siglo con la
tendencia de su tiempo, en un atuendo original y distinguido. En la mano
izquierda luce una llamativa sortija de moda en esa época por tierras inglesas,
denominada "del ojo de la amante", y que solía esconder una
misteriosa historia de amor que no debía salir a la luz. Como símbolo de su
posición social, luce también un costoso broche de diamantes en forma de flor
prendido en la camisa. El conjunto queda reforzado por la capacidad del artista
para reflejar el canapé fernandino sobre el que se sienta, de seda azul y
estampados florales grises, así como la cenefa de pasamanería en greca, que
revela la familiaridad del autor con la estética del mueble, tanto en tejidos
como en calidades de maderas (fig. 3). Igualmente valioso, por su calidad y
singular iconografía, es el Retrato de José Domínguez Bécquer, de hacia 1830,
atribuido a Antonio María Esquivel. La obra fue donada en 1925 al museo por su
nieta Julia Bécquer junto con el de su abuela, Joaquina Bastida. Su atribución
viene de lejos y es admisible por las analogías con otros retratos de su etapa
sevillana. La datación se establece en la década de 1830 por la moda que
reflejan la indumentaria y peinado del efigiado. El cabello desordenado y
dispuesto hacia las sienes, con tupé elevado y amplias patillas, propios del
dandismo de principios de siglo, se impusieron en España en estos años. De igual
modo la chalina (corbata de caídas largas que usaban tanto hombres como
mujeres) negra y ancha de la que emergen hacia el mentón los cuellos de la
camisa, de un blanco intenso, se identifican con las tendencias vigentes (fig.
4). Esquivel mantuvo una estrecha amistad con Pepe Bécquer, como le conocían
sus allegados, llegando a ejercer mutuamente en 1827 de testigos de sus
respectivas bodas. Bécquer fallecería de forma prematura, por lo que esta obra,
de manera providencial, se ha convertido en la imagen más fiel del padre de
Valeriano y Gustavo Adolfo. Por último citamos el Retrato de Gustavo Adolfo
Bécquer, realizado por su hermano Valeriano en 1862, una de las imágenes más
icónicas de la cultura romántica. La obra presenta dos ideas, el afecto fraternal
y la legitimación cultural, pues sitúa al poeta dentro de los códigos visuales
de la burguesía culta. El lienzo lo presenta de tres cuartos, con la mirada
fija en el espectador. El cabello rizado y desordenado, la capa negra con
embozo marrón y el cuello blanco componen una efigie que oscila entre lo íntimo
y lo monumental (fig. 5). La indumentaria recuerda la de los retratos
románticos franceses e ingleses, integrando al escritor en una tradición visual
europea que lo eleva por encima de su verdadera situación social.





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